Entre Mallorca Y Moira

Se llama Siham, es una madre joven (37 años) una de las pasajeras de las últimas pateras que llegaron a nuestras islas. Tiene dos hijos, una niña de 11 años “Malak”, un niño de 16 años “Nassim”.  Separada de sus hijos nada más pisar suelo mallorquín, le retiraron los dos niños y la mandaron a la calle. Los niños están en un centro de menores, llorando todas las noches sin información ni comunicación con la madre; mientras ella, convive en las calles de palma gracias a la caridad de sus compatriotas.

Este mismo mes de septiembre, dos incendios arrasaron con el 80% del campo de refugiados de Moira. Más de 13.000 personas afincadas en el campamento de la vergüenza han tenido que pasar las noches en las carreteras de la zona mientras el Gobierno “ultraconservador” de Grecia ordenaba redadas nocturnas para la cacería de los refugiados antes de que inicien un éxodo hacia Lesbos.

Mientras tanto, la Unión Europea sumergida en sus divisiones internas ha presentado una propuesta sobre asilo e inmigración que incluía cuotas y reparto obligatorio de refugiados como solución a la crisis humanitaria. La Comisión Europea propone utilizar la política al desarrollo como moneda de cambio para convencer a los países terceros a aceptar de vuelta a los inmigrantes irregulares que no cumplan los requisitos para permanecer en Europa, plantea acelerar los procedimientos y las decisiones sobre asilo y expulsión y crear un mecanismo de solidaridad flexible para evitar que el plan se estrelle contra las resistencias de países como Hungría.

La hipocresía del continente europeo con el tema inmigratorio no tiene límites ni fronteras, Europa pone su mirada en otro lado mientras el mediterráneo se convierte en un mar de cadáveres. En el tema de la inmigración nadie es ajeno, la carpa del puerto de Palma esconde la misma realidad que la del campo de Moira. Hay que tener altura de miras y trabajar en la integración intercultural receptando los derechos universales de las personas.

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