La estrategia incómoda

¿Cómo Europa debe gestionar las fricciones con Rusia?

No es un evento sorpresivo. Las disputas entre la Unión Europea y Rusia han vuelto a ocupar las primeras páginas de los diarios, luego de que las fricciones entre Bruselas y Moscú hayan quedado de manifiesto una vez más.

La relación entre Europa y Rusia ha ido empeorando exponencialmente desde 2014 con los sucesos acontecidos en la Crisis de Crimea.

La anexión ilegal de Crimea y el conflicto en el este de Ucrania han afectado gravemente al diálogo político bilateral. Como resultado, algunos de los mecanismos de cooperación se han congelado temporalmente y se han adoptado sanciones dirigidas a promover un cambio en las acciones de Rusia en Ucrania.

Desde entonces, el panorama se ha vuelto cada vez más incierto.

En esta ocasión, el disparador viene representado por la encarcelación del líder opositor Alexéi Navalni, quien deberá cumplir una condena de dos años y medio, a raíz de un proceso judicial iniciado en 2014. Al difícil panorama se suma la fuerte represión por parte de la policía rusa y la detención de más de 4 mil personas (solo el 31 de enero), quienes exigían la liberación de Navalni.

A partir de estos eventos, las reacciones internacionales comenzaron a llegar:

El secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Dominic Raab, describió el fallo contra el líder opositor como “perverso” y el secretario de Estado de EE.UU, Antony Blinken, dijo que estaba profundamente preocupado por Navalni.

Por su parte, el Consejo de Europa amenazó con poner sanciones a las personas relacionadas con estos eventos. Se estableció el 22 de febrero como el día en el que se definiría la naturaleza de las sanciones.

La respuesta rusa llegó muy pronto. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, se expresó de la siguiente manera: “No queremos aislarnos de la vida mundial, pero hay que estar preparados para ello”.

Añadió: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

En resumen, Rusia amenazó con tomar medidas directamente proporcionales a la naturaleza de las sanciones que aplique la Unión Europea, lo cual podría generar un problema ya no solo político, sino económico y comercial en la región.

La realidad es que Rusia sigue siendo un socio natural para la UE y un actor estratégico en la lucha contra los desafíos regionales y globales.

De esta forma, la Unión Europea se encuentra en una zona nada cómoda: debe gestionar un conflicto no menor, a partir de una relación diplomática que lleva muchos años ya desgastada y que juega un rol estratégico para todos los países del continente. Además, los cambios geopolíticos que se están dando en el mundo actualmente, en Estados Unidos, Oriente Medio y Asia, están obligando a la Unión Europea a plantear un perfil claro sobre cómo se ajustará a estos cambios.

El ajuste comienza por asumir que Rusia es el vecino más grande de la UE; las relaciones de cooperación e intercambio son amplias y relevantes para ambas partes. Rusia es un actor clave en el Consejo de Seguridad de la ONU y, debido a su historia, proximidad geográfica y vínculos culturales, es uno de los actores clave en Europa y sus alrededores.

Rusia es también un importante proveedor de productos energéticos para la UE y un mercado grande y dinámico para bienes y servicios, con un crecimiento económico considerable.


Muchos especialistas consideran que los eventos diplomáticos recientes han dejado de manifiesto el -ya conocido- “laberinto de Rusia y la Unión Europea”.

En este artículo quisiera exponer algunas ideas que podrían ayudar a disminuir la tensión entre ambos actores; en definitiva, como bien explica Ernesto Vale Carballés: “en los juegos geopolíticos no hay ni buenos ni malos, lo único que hay son intereses”.

Vamos a ello:

¿Qué opciones tiene la UE?

La Unión Europea debe impulsar una gestión pragmática. La visita a Rusia de Josep Borrell, Alto Representante de Política Exterior de la UE, devino en un fracaso rotundo. Parte del resultado se debe a un hecho claro: Rusia no tiene ningún interés en alinearse con las estructuras normativas europeas.

A esta realidad se suma otro factor: actualmente, la UE depende más de Rusia, que Rusia de la UE, con lo que se entiende que el Consejo Europeo tiene muy poco poder transaccional con Moscú. 

Por razones económicas, muy probablemente, la UE no pondrá sanciones duras a los rusos. En la reunión del 22 de febrero, los ministros europeos de Relaciones Exteriores han decidido elaborar una lista de personas a ser penadas financieramente. No obstante, han reconocido la imposibilidad de “incluir a influyentes millonarios”, tal como lo solicitaron los seguidores de Navalni.

Todo indica que, dentro de las opciones de la UE, una de las más fuertes es la de sentarse a escuchar los planteamientos de Rusia y no al revés. Este escenario cobra muchísima más fuerza con las lamentables complicaciones y el vergonzoso retraso en el proceso de vacunación de los países europeos. El continente está sumamente necesitado de una vacuna que se produzca en masa y pueda llegar rápido: dado el contexto, parece que la mejor opción es la Sputnik (de fabricación rusa).

La crisis de la Covid-19 ha hecho que el problema de las relaciones diplomáticas entre Rusia y la Unión Europea adquieran un matiz más dramático.

A Rusia tampoco le conviene perder a su mejor comprador

Según cifras de la BBC, el 70% del petróleo que exporta Rusia al mundo va a parar a Europa. Lo mismo ocurre con el gas: el 65% de su producción está destinada a los países europeos –que importan la mitad de la energía que consumen.

Muchos especialistas y miembros del Consejo Europeo consideran que las amplias exportaciones de Rusia a UE han generado una relación de dependencia cada vez más marcada, especialmente en los países Europa del Este y Europa Central.

Tal es el impacto de esta realidad que el año pasado, Mike Pompeo, ex secretario de Estado estadounidense, había anunciado que EE.UU estaba buscando financiar proyectos energéticos por un monto de 1.000 millones de dólares en países de Europa Central y del Este para que los Estados que reciban el apoyo reduzcan su dependencia energética de Rusia.

“En señal de apoyo a la soberanía, prosperidad e independencia energética de nuestros amigos europeos, Estados Unidos tiene la intención de acordar hasta 1.000 millones de dólares de financiamiento a los países de Europa Central y del Este”, declaró Pompeo en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2020.

Si bien hay una dependencia clara a favor de Rusia, a Moscú no le conviene en absoluto perder el 54% de sus ingresos por exportaciones y tener que adentrarse en un problema bastante complicado: salir a buscar cómo financiar el 47% del presupuesto federal ruso que representan estas exportaciones.

Por tal razón, a Rusia tampoco le conviene tensar en extremo las relaciones con la Unión Europea. El costo político, social y económico podría ser muy incómodo para Putin. De allí, se intuye que Moscú se mantendrá firme en su defensa ante las críticas de violaciones de derechos humanos; sin embargo, se cuidará de llevar al extremo un conflicto que generaría pérdidas sensibles para todos.

Alemania: el jugador clave en el futuro de las relaciones entre Moscú y Bruselas

Frente a este laberinto diplomático, un elemento decisivo será el futuro de Alemania. Angela Merkel ha sido muy estratégica en las relaciones de Europa con Rusia, sin embargo, ya ha anunciado que este año se retirará de la política. Todo parece que su reemplazo será Armin Laschet, el nuevo líder del partido Unión Demócrata Cristiana de Alemania (UDC).

Laschet ha sobresalido por su conocimiento en relaciones internacionales de la UE, especialmente los vínculos con Rusia. El líder de la UDC se ha mostrado como un político pragmático y se espera que lleve las relaciones con Rusia desde el terreno de la conciliación.

Debido a su poder de influencia en la UE, el potencial reemplazo de Angela Merkel en el gobierno alemán jugará un rol clave para restablecer las deterioradas relaciones entre la UE y Rusia.

Por los vientos que soplan, la clave en el futuro de estas relaciones yace en la búsqueda de entendimiento y conciliación; solo así podrán avanzar las relaciones de dos vecinos que parecen condenados a compartir intereses.

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