Las elecciones de Túnez, esperanza de Argelia

«Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar». El domingo pasado, miles de argelinos pasaron la noche en vela esperando los primeros resultados de las elecciones en Túnez, durmieron muy tarde con la esperanza de un cambio en el país vecino que pueda significar la luz de al final del túnel. El debate electoral de Túnez fue masivamente seguido en Argelia. En las vísperas de las elecciones se discutía en los bares las posibilidades de cada candidato. Un sentimiento de proximidad entre los dos países jamás vivido desde la guerra de Argelia en 1956.

El lunes por la mañana, Túnez tenía un nuevo presidente, Kas Said. Abogado especializado en derecho constitucional sin apoyo de una estructura partidista, un hombre conocido por su fundamentalismo incluso rechazó la financiación pública con el objetivo de llevar a cabo una “campaña atípica” en un país muy corrupto miles de personas se echaron a las calles para celebrar la victoria de un hombre favorable a la pena de muerte, contrario a la homosexualidad, que se declara nacionalista y proteccionista en el terreno económico, defensor de las empresas públicas y que ha expresado sus dudas sobre cuestiones de igualdad como la ley que equipara a hombres y mujeres en temas de herencia. Ganó con goleada a Karaoui, quien admitió su derrota en la misma noche electoral. Y así el deseo de Kas Said en “revertir la pirámide del poder” atrajo a los votantes de Túnez.

Faltan dos meses para las elecciones presidenciales, miles de argelinos siguen tomando las calles todos los viernes para exigir un cambio radical en el sistema y la expulsión de sus figuras emblemáticas, este viernes por trigésima quinta semana consecutiva bajaran a la calle con una dosis de esperanza. En el otro lado, el poder muestra una determinación inquebrantable. La idea de un tercer aplazamiento de las elecciones sigue siendo impensable ya que todas las condiciones se cumplen para que el doce de diciembre los manifestantes expresen sus deseos en unas urnas.

Las elecciones presidenciales en el norte de África contradicen todos los análisis. Túnez ciertamente ha tardado mucho tiempo en construir su democracia, pero los cimientos ahora parecen sólidos. La otra lección es que unos sufragios transparentes y abiertos es posible en el mundo musulmán con la condición de que la gente tome su destino con sus propias manos. Desde el domingo pasado las barbas, bigotes y hasta los peluquines de la cúpula argelina están en remojo y eso es una esperanza extra para el Hirak de Argelia.

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