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El mundo post Trump

El mundo respiró un poco más tranquilo la semana pasada. La elección de Joe Biden es una buena noticia no sólo para el pueblo americano, sino también para las relaciones internacionales. El pasado de Biden como jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y como vicepresidente de la administración, Barack Obama le ha dado una familiaridad con los asuntos internacionales que podría funcionar a su favor.

Para Europa, Biden es un buen interlocutor. Es un “transatlantista” de toda la vida, con fuertes vínculos con muchos de los líderes más importantes de Europa, incluida la alemana Angela Merkel. Los líderes europeos ven en la presidencia de Biden una oportunidad para reparar la alianza transatlántica.

Al otro extremo, se encuentra Boris Johnson, su argumentario para el Brexit era el acuerdo comercial con Estados Unidos. Pero Biden no tiene nada que ver con el Brexit, quiere mejorar las relaciones con Bruselas.

Otro que no respira tranquilo estos días es el presidente turco, Erdogan, que ocupó el cantón kurdo de Afrin en Siria, desplegó mercenarios en Libia, tensó la situación con Grecia sin que Donald Trump moviera ficha en su contra. Biden podría endurecer la posición de su país respecto a las intervenciones militares turcas en el exterior y su cooperación con Rusia. Trump definió a Erdoğan como «un jugador de ajedrez de clase mundial en la política exterior», mientras Biden apoyaba a los líderes de la oposición que fueron los primeros en felicitarle.

En oriente medio, los palestinos confían en que el cambio ayude a retomar la relación que se rompió con Trump, cuyas decisiones a favor de Israel inhabilitaron a Estados Unidos como ¨mediador válido¨ en el conflicto. Biden hereda los Acuerdos de Abraham, la estrategia de normalización de relaciones entre el Estado judío y diferentes países árabes como EAU o Bahrain, una estrategia impulsada por Trump que supone un giro radical a la posición defendida por los países árabes en las últimas décadas.

Robert Malley, director ejecutivo del International Crisis Group, dijo hace poco: “El presidente Trump ha bajado tanto el listón que no haría falta mucho para que Biden cambie la percepción de forma drástica”. Aun así, Biden se verá obligado a rehabilitar las relaciones internacionales y recuperar las alianzas tradicionales fomentando el diálogo bajo el paraguas de las instituciones internacionales. Los efectos de la polarización interna y de la politización de la agenda internacional le obligarán a cometer cambios estructurales como la consolidación de un mundo multipolar. En este sentido, Europa tiene una oportunidad de oro que no puede ni debe perder.

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